El principio

Este es un blog dirigido a un público muy de nicho, muy especial y muy segregado.

Me refiero al público de una sola persona: yo mismo.

Fue una frase que leí en el libro El arte de gastar dinero la que me hizo mucho clic, porque ¿cuántas veces no has detenido un proyecto, una publicación en Instagram, un comentario entre profesionales como tú o incluso entre amigos simplemente porque no sabes si va a encajar con el tema que está sobre la mesa o si va a sonar estúpido?

Creo que el miedo a equivocarte es un mecanismo de supervivencia gracias al cual seguimos vivos y hemos evolucionado hasta este punto, donde puedo escribir este blog desde mi teléfono. Pero también es un instinto que nos ha privado de la libertad de ser, de la autenticidad, de ser mejores, de ser nosotros mismos, de crecer en libertad.

Y no me refiero a la libertad como en la película Spirit, sino a la libertad de explotar tus talentos y pasiones hasta su máximo esplendor, desarrollar todo tu potencial y convertirte en una persona más sincera, pero también más compleja.

Tú que estás en la oficina, ya seas contador, abogado, planeador de materiales o cualquier otro profesionista godín: ¿cuántos chefs, mecánicos, artistas, cantantes, influencers, creadores de contenido o productores hay entre tus compañeros esperando su oportunidad de ser lo que siempre quisieron?

Su oportunidad…

¿Qué es una oportunidad?

¿Que un productor famoso esté en tu karaoke bar favorito esperando descubrirte?

¿Que te caiga una herencia de un tío que ni conoces y te dé el capital suficiente para tener la cocina perfecta o abrir el restaurante que ya existe en tu cabeza?

¿O que por fin pagues lo suficiente de tu tarjeta de crédito para poder comprar —o endeudarte con— la nueva Mac con el mejor procesador y un diseño de vanguardia para verte como te imaginas: escribiendo, fumando y tomando una taza de café negro en tu cafetería favorita?

Creo que el simple hecho de querer algo ya es un motor lo suficientemente fuerte para empezar a cumplir tus sueños.

Y gracias a la vida, a Dios, a la evolución, a la suerte o como quieras llamarlo, vivimos en una época en la que lo tenemos todo dentro de un diminuto rectángulo que tenemos que cargar todos los días y que usamos para absolutamente todo… o, muchas veces, para nada más que perder el tiempo en TikTok.

Hoy tenemos el bendito y maldito celular con acceso a internet. Las posibilidades son estúpidamente infinitas.

Basta con que busques un tutorial sobre cómo hacer lo que sea y ahí está.

¿Te da flojera encontrar uno que sea bueno, entretenido y fácil de entender?

¡Ya existe la inteligencia artificial para simplificarte el proceso!

Literalmente, ¿cuál es tu excusa?

¿La mía?

El dinero, jaja.

Es curioso cómo casi todos, en cuanto nos graduamos de la universidad, caemos en el típico “para eso trabajo” y terminamos debiéndole varios meses de trabajo a BBVA, Santander o al banco con el que tengas tu tarjeta de crédito.

Y antes de que crean que esto es un blog de finanzas personales o conductuales, debo decir que yo mismo estoy endeudado hasta las orejas.

Más que una guía, esto es una invitación a hacernos compañía en este precioso y nutritivo viaje de: “Estoy endeudadísimo y por fin me di cuenta”.

No sé si este texto será corto o largo. La verdad es que no me importa.

Solo quiero escribir algo que me habría gustado encontrar durante la búsqueda de un blog o un video que me diera propósito, inspiración o, al menos, la sensación de que no soy el único intentando descubrir qué hacer con todo esto.

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