¿Tú sabes quién eres tú?

Hubo un tiempo donde sabía, o creía saber, quién era. Y aunque claro, hoy sé que la identidad o la personalidad no es estática, sino que evoluciona día a día, hora tras hora, creo que hoy más que nunca sé menos quién soy.

Y no lo escribo desde el típico “explora tus hobbies”, “¿qué te gustaba de niño?” y cosas así.

Sino que lo quiero platicar desde la premisa de que somos un cubo de Rubik.

O sea, una combinación de diferentes caras, de diferentes colores, pero todas verdaderas.

Eres un profesional de tu ramo, pero también eres hijo de alguien, padre de alguien, hermano de alguien, novi@/espos@ de alguien, jugador de algo o fan de otra cosa.

Somos muchas personas al mismo tiempo convergiendo en un mismo cuerpo.

Y, desde lo marihuano que sé que suena eso, es interesante cómo desarrollamos más una cara que otra. En mi caso, viví cinco años con la cara de profesional de mi rama, como uno de los pocos en salir de su ciudad natal a buscar oportunidades, crecimiento, a domar a la gran bestia de la cadena de suministro, para toparme con que es una patada en el trasero vivir fuera de tu ciudad.

Viví en Monclova de agosto de 2022 a julio de 2023 y, como todo en la vida, encontré buenos amigos, tuve buenas experiencias, comí comida que me gustó y otra que no tanto. Aunque también fue cuando empezó toda la problemática que me inspiró a escribir este blog, por lo que también estoy muy agradecido.

Para no hacer esta entrada muy larga (esa historia la guardaré para otro blog), lo que aprendí en Monclova y en Monterrey fue que las malas decisiones financieras vienen desde el estómago, desde el vacío emocional.

Vienen del sentimiento de nostalgia, de lejanía y de la pesadez que te provoca estar en un lugar que no te llena del todo.

Aunque claro que esto se debe a mil motivos: una situación sentimental, un duelo o mil razones más.

Creo que, entre más provocamos vacíos en nuestro ser, más sentimos la necesidad de llenarlos con algo más: parejas, objetos, experiencias, mascotas… ya sabrás tú.

Y si no identificamos y entendemos qué es lo que genera nuestro vacío, caeremos inevitablemente en el círculo vicioso de aguanto y me relajo demasiado para obligarme a aguantar otra vez, y volver a relajarme demasiado otra vez, y otra vez, y otra vez, y así.

Te sorprendería saber a cuántos les sucede esto justo en este momento, y te sorprenderá más descubrir que tú mismo tienes estas mismas conductas. Solo falta que te des cuenta.

Pero… siempre hay un pero.

Si no experimentamos estas situaciones, estos círculos viciosos, jamás podríamos estar en la posición de identificarlos y corregirlos.

Y entonces, por fin, superarlos.

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar